El equipo estuvo a un paso de eliminar a uno de los gigantes de Europa en un partido histórico
En fútbol no siempre gana el mejor, aunque hay equipos que sin levantar el trofeo permanecen en el recuerdo. Es el caso del Getafe de la temporada 2007/08, debutante en la Copa de la UEFA, que por entonces daba sus últimos coletazos antes de renovarse y adoptar el actual nombre de Europa League, con su nuevo formato. Dirigido por Michael Laudrup aquel conjunto fue superando eliminatorias en el debut europeo. Por el camino se quedaron el Tottenham Hotspur, AEK Atenas y el Benfica. Una trayectoria inmaculada con partidos memorables. El sorteo fue caprichoso y nos emparejó con el Bayern de Múnich, uno de los grandes del fútbol mundial, que aquel año jugaba la segunda competición continental.
En la ida Cosmin Contra igualó en los minutos finales en el Allianz Arena, dejando las espadas en todo lo alto para el duelo de vuelta. El Coliseum se engalanó para la noche del 10 de abril de 2008. Las gradas llenas, mientras que SM el Rey Juan Carlos, y el Príncipe Felipe daban lustre al palco presidencial. España se congregó delante del televisor para un David contra Goliat. La alineación fue la siguiente: Abbondanzieri, De la Red, Licht, Tena, Cortés, Contra, Casquero, Celestini, Gavilán, Uche y Manu del Moral. El inicio fue frenético. A los 4 minutos de juego Rubén de la Red vio la tarjeta roja. El Getafe se quedaba con uno menos con todo el partido por delante. Sin embrago, en un esfuerzo encomiable los 10 jugadores se repusieron, apoyados por la hinchada, para irse en ventaja al descanso. De nuevo Contra, en una jugada individual, ponía en ventaja a los nuestros.
Braulio mediada la segunda mitad pudo hacer el 2-0, pero se resbaló cuando únicamente tenía que empujar el balón. Ribéry empató en los instantes finales, mandando el choque a la prórroga. Ahí, Casquero y Braulio colocaron en ventaja al Getafe. El 3-1 daba el pase a semifinales, pero entonces la crueldad del fútbol se cebó con el conjunto azulón. Dos tantos muniqueses, obra de Luca Toni, el último sobre la bocina, acabaron con el sueño. Sobraron 30 segundos, aunque 15 años después el recuerdo de lo que hizo aquel equipo sigue presente en la memoria de los aficionados. Esa es la mayor victoria que se puede tener.