jueves, 02 de septiembre de 2010
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ARTÍCULOS DE ORIENTACIÓN
Esta sección pretende dar unas pautas, una forma y una orientación a todos los jóvenes y niños que día a día trabajan en nuestro fútbol base. Además de ellos, pretende llegar a todos aquellos que por interés acceden a esta sección, y que puedan contar con esa formación personal y que sirva de ejemplo para seguir en esa formación importante que es la persona.



LOS VALORES DEL FÚTBOL ACTUAL, Y DEL FUTURO PDF Imprimir E-Mail
El mundo del fútbol está lleno de tópicos, de latiguillos del lenguaje. Formas de decir las cosas que se repiten una y otra vez cada vez que vemos a jugadores, entrenadores o directivos. Siempre, casi siempre, dicen lo mismo o utilizan las mismas expresiones. Salvo honrosas excepciones, los personajes del fútbol suelen ser un poco aburridos cuando hablan. En nuestra Escuela de Fútbol del Getafe intentamos conseguir que nuestros chicos vean y sean protagonistas del fútbol de una manera diferente a la más tradicional y, en no pocas ocasiones, cansina. El fútbol moderno ha de entenderse como un deporte renovado, en el que no solo valen las destrezas meramente futbolísticas, en forma de calidad técnica, fuerza y resistencia, o disciplina táctica. El fútbol moderno debe interpretarse como un deporte inteligente en el que, conjuntamente con las habilidades citadas, han de combinarse asimismo capacidades personales y relacionales en las que la psicología resulta de gran relevancia.

fotoescuela2.JPGEl futbolista moderno debe atesorar competencias que le permitan ser un personaje activo y protagonista del deporte que practica. Debe ser capaz de escuchar (al equipo técnico y a sus compañeros), no solo oír, hablo de escucha activa, de interés, de ganas por encontrar todo lo positivo que dicen los demás cuando dan su opinión o emiten juicios de valor; debe ser también capaz de expresar, expresar sus sentimientos, su valoración de las cosas. Y debe hacerlo con criterio, sin miedos, ordenadamente, con argumentos. Nada de esperar sentado a que me digan exclusivamente lo que he de hacer o asumir pasivamente lo que lo demás dicen. El futbolista de hoy, pero sobre todo del futuro próximo, debe ser capaz de crear, de hacer grupo. Y hacerlo con respeto, desde la óptica de la solidaridad. El protagonismo ha de ser del grupo, del equipo. En él está el corazón que nos debe permitir conseguir los objetivos. El futbolista de hoy debe ser modesto, humilde, afectuoso con los que le rodean. No creerse nada. Analizar más y mejor las correcciones y críticas que hacen de él que regodearse de los elogios. Debe reconocer los riesgos de la autocomplacencia, los peligros de creer que todo está hecho después de una buena jugada, un buen partido, o incluso, de un buen año.

Ejemplos de lo expresado son cada vez más patentes en nuestro fútbol. Ejemplos de entrenadores inteligentes, prudentes, que saben expresas las cosas con tino y argumentos, que no se crispan ante las preguntas, a veces un tanto absurdas, de determinados periodistas. Que saben defender a sus jugadores, desplazando hacia ellos las responsabilidades de los éxitos y recogiendo para sí mismo las críticas y razones del os malos resultados. Entrenadores que saben relativizar las cosas, que sonríen ante la vida, que tratan a sus jugadores como personas, sin perjuicio, claro, de dejar asimismo claro quién manda. Y hay jugadores que nos enseñan también lo que es el nuevo arte del fútbol. Ser brillante sin creérselo. Jugar al fútbol, ser solidario, luchar y competir. Pero sin dar una patada, con el ánimo siempre abierto y la percepción de que siempre se pueden hacer mejor las cosas. El fútbol tiene que cambiar. Está cambiando. El trabajo es largo y la tarea pesada. A veces poco comprendida. Seguimos pensando con demasiada frecuencia que el músculo y los atributos masculinos todo lo pueden. Hay que encontrar y hacer fuertes otros argumentos. Ejemplos, insisto, no nos faltan. Y sus éxitos están ahí.

José Antonio Luengo
Secretario General Defensor del Menor Comunidad de Madrid

 
LA SOLIDARIDAD COMO APRENDIZAJE PDF Imprimir E-Mail
¿Nacemos pendientes y preocupados por lo que ocurre a nuestro alrededor? La respuesta, claramente, es un NO rotundo. Nacemos entre dolores de unos y otros, movidos por un instinto de supervivencia que nos hace luchar por encima de casi cualquier cosa o circunstancia. Nos cuesta respirar, mover nuestro cuerpo, orientar nuestra cabeza hacia los estímulos auditivos... Hasta comemos con dificultad. El mundo, vaya, es un mundo que parece volcarse hacia nuestras necesidades, las más primarias y vitales al principio; de afecto, cuidado, atención y educación subsiguientemente. La realidad es que la vida nos enseña que, además de nosotros, hay otros que también habitan el planeta, otros que se mueven, comen, juegan, lloran, ríen y se divierten. Poco a poco aprendemos a estar con ellos, aceptarlos, soportarlos incluso. No nos gusta demasiado eso de que nos quiten las cosas nuestras o que compartan los que creemos nuestros juguetes, nuestros espacios, nuestras personas de referencia.  fotoescuela.JPG
Vencer el egocentrismo no es sencillo, pero lo vamos consiguiendo poco a poco. Las primeras amistades suelen cuajar porque ese con quien empiezo a divertirme y querer estar se llama como yo, tiene mi mismo color de pelo, trae una camiseta como la mía o sencillamente, viven también en mí casa. Mi nombre, mi pelo, mi camiseta, mi casa... Pero al final lo conseguimos. Nos vamos desprendiendo de la costra inútil que es el mirar siempre hacia lo mío, hacia mis cosas, mis preocupaciones. El lastre que supone el egocentrismo para poder crecer bien es demasiado grande como para no intentar perderlo de vista cuanto antes. Los niños pequeños no son egoístas. No saben otra cosa que responder a lo que ponemos a su alrededor; se lo damos todo, todo parece girar en torno a ellos. Pero sí son egocéntricos. Se sienten el centro del mundo, sí, pero es lo que han aprendido a vivir. 
El egoísta se hace, se construye. El egoísta no es capaz de superar en la infancia la prueba de pensar en los demás, creer en ellos, jugar con ellos. Los adultos, algunos, son egoístas. Eligen serlo. Quieren serlo. Han conocido las preocupaciones de los otros, quiénes son los otros, por qué aman y sufren los otros. Pero algunos adultos eligen no prestar atención a los demás. Un bledo les importa.
Además de la escuela, las relaciones con parientes de la misma edad, los amigos del barrio y del parque, existen algunos juegos y deportes que enseñan la importancia de los demás, y, lo que es mejor, lo imprescindibles que son los demás en nuestras vidas. El fútbol, como juego y deporte reglado es una de estas experiencias. Muestra la necesidad de pensar en quien tengo al lado, confiar en él. El fútbol contribuye a crear respuestas de solidaridad y confianza, de empatía y disfrute con la relación y el diálogo social. Todo ello sin perjuicio de prestar atención, por supuesto, a la propia evolución, al propio crecimiento, al propio aprendizaje. Pero, que quede claro, si en el fútbol no se aprende a ser solidario, no se aprende nada.  fotoescuela1.JPG
Por mi experiencia profesional diré que creo sin fisuras en el papel de los adultos en la educación, en la importancia del modelo que damos, en lo que hacemos y decimos. Ellos, los pequeños nos miran, nos escuchan, y crean sus propios esquemas de comportamiento. Pero no siempre acertamos. En ocasiones nos equivocamos. Los psicólogos sabemos que todo lo que sea invertir tiempo en que nuestros hijos aprendan a vivir solidariamente es darle herramientas esenciales para construir su vida solidamente. Y para ser felices. Ayudemos, padres y educadores, entrenadores y técnicos, a construir personalidades limpias, cercanas a las necesidades de los demás. Enseñemos el valor de la solidaridad. Siempre. Los chicos nos lo agradecerán.

José Antonio Luengo
Psicólogo



 





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